Skip to main content

   669 530 649

¿Adenoides inflamadas? Cómo afectan la respiración y el sueño de tu hijo

 

Detrás de los ronquidos habituales, la respiración bucal constante y las otitis de repetición en un niño, suele haber un culpable común: las adenoides o vegetaciones hipertróficas. Este tejido linfático, que forma parte del sistema de defensas, cuando crece en exceso, se convierte en un obstáculo mecánico con consecuencias directas en la salud y el desarrollo infantil.

Las adenoides son un parche de tejido inmunológico situado en la rinofaringe, justo en la parte posterior de la nariz, por encima del paladar y detrás del cielo de la boca. Forman parte del anillo de Waldeyer, junto con las amígdalas, y su función es producir anticuerpos para defenderse de los virus y bacterias que entran por la nariz y la boca en los primeros años de vida. Es normal que sean relativamente grandes en la infancia y que vayan disminuyendo de tamaño de forma natural a partir de los 7-8 años, hasta casi desaparecer en la adolescencia.

El problema surge cuando, debido a infecciones o alergias recurrentes, las adenoides se inflaman crónicamente y se hipertrofian de forma patológica, obstruyendo el flujo de aire posterior de la nariz. Esta obstrucción desencadena una cascada de síntomas. La obstrucción nasal obliga al niño a respirar constantemente por la boca, incluso de día. La voz se vuelve nasal, como si siempre estuviera congestionado. La respiración bucal durante la noche provoca ronquidos intensos y un sueño inquieto. En casos severos, puede desarrollarse el Síndrome de Apnea-Hipopnea del Sueño infantil, con pausas respiratorias que fragmentan el sueño y impiden su descanso profundo. Esto se traduce en somnolencia diurna, irritabilidad, dificultades de concentración e incluso problemas en el rendimiento escolar.

Otra consecuencia directa es la otitis serosa o secretora. Las adenoides están justo al lado de los orificios de drenaje de las Trompas de Eustaquio, los tubos que conectan el oído medio con la garganta y que se encargan de ventilarlo. Cuando las adenoides están muy grandes, comprimen estos orificios, impidiendo que el oído medio se ventile correctamente. El aire atrapado se absorbe y se crea una presión negativa que hace que se acumule un líquido seroso detrás del tímpano. Este líquido actúa como una barrera, causando una pérdida de audición conductiva fluctuante que, si se prolonga, puede interferir con el desarrollo del lenguaje y el aprendizaje.

El diagnóstico lo realiza el otorrinolaringólogo. La historia clínica de los síntomas es muy sugerente. La rinofibrolaringoscopia flexible es la prueba clave. Permite visualizar directamente, con una cámara muy fina que se introduce por la nariz, el tamaño real de las adenoides y el grado de obstrucción que provocan. Una audiometría puede confirmar la presencia de hipoacusia por el líquido en los oídos.

El tratamiento depende de la severidad. Un primer abordaje puede ser médico, con corticoides nasales en spray para reducir la inflamación y el tamaño del tejido, o tratamientos para las alergias si están presentes. Cuando el problema es moderado-severo, con apnea del sueño o hipoacusia persistente por otitis serosa, la solución es la adenoidectomía. Esta cirugía, que a menudo se combina con la amigdalectomía y la colocación de drenajes transtimpánicos, elimina el obstáculo de forma definitiva. Es una cirugía rápida, que se realiza por la boca sin cicatrices externas, y con una recuperación generalmente muy rápida en los niños.

Resolver la hipertrofia de adenoides va más allá de simplemente dejar de roncar. Significa devolverle al niño una respiración nasal normal, un sueño reparador y una audición óptima, pilares fundamentales para su correcto desarrollo y su calidad de vida.