Skip to main content

   669 530 649

Tumores de Cabeza y Cuello: La importancia de la Detección Precoz

La región de cabeza y cuello es un área anatómica compleja donde se concentran funciones vitales como la respiración, la deglución, el habla y los sentidos. La aparición de un tumor en esta zona puede afectar profundamente a estas capacidades. Sin embargo, cuando se detectan de forma precoz, las posibilidades de tratamiento exitoso y de preservar la función y la calidad de vida aumentan exponencialmente.

Los tumores de cabeza y cuello pueden originarse en múltiples localizaciones. La cavidad oral incluye los labios, la lengua, las mejillas, el suelo de la boca, las encías y el paladar duro. La faringe se divide en nasofaringe, orofaringe y hipofaringe. La laringe, nuestra caja de la voz, es otro sitio frecuente. Las fosas nasales y los senos paranasales, así como las glándulas salivales, también son localizaciones posibles.

Estos tumores suelen estar muy relacionados con factores de riesgo específicos y modificables. El consumo de tabaco en todas sus formas es el factor de riesgo número uno. El alcohol actúa como un multiplicador del riesgo cuando se combina con el tabaco. La infección por el Virus del Papiloma Humano se ha convertido en una causa principal de cáncer de orofaringe, afectando a personas más jóvenes y sin los factores de riesgo tradicionales. La exposición excesiva al sol sin protección es un factor clave para el cáncer de labio. Una mala higiene bucal y factores nutricionales también pueden influir.

La detección precoz es crucial porque los síntomas iniciales suelen ser leves y fácilmente atribuibles a problemas benignos. Existen signos de alarma que, si persisten por más de tres semanas, deben ser evaluados por un otorrinolaringólogo. Una úlcera o herida en la boca que no cicatriza es una de las señales más importantes. Un dolor de garganta persistente o la sensación de tener algo atascado en la garganta. Ronquera o cambios en la voz que no se resuelven. Dificultad o dolor al tragar. La aparición de un bulto en el cuello, que puede ser una metástasis de un tumor pequeño aún no visible. La obstrucción nasal unilateral o sangrado por la nariz recurrente. Adormecimiento de alguna zona de la cara o la boca.

El diagnóstico comienza con una exhaustiva exploración física. La rinofibrolaringoscopia es una prueba fundamental. Consiste en introducir un tubo flexible con una cámara a través de la nariz para visualizar de manera completa y detallada todas las zonas de la faringe y la laringe que no son visibles a simple vista. Es una prueba rápida, ambulatoria y bien tolerada. Si se identifica una lesión sospechosa, el siguiente paso es realizar una biopsia para obtener una muestra de tejido y analizarla bajo microscopio, lo que confirma el diagnóstico. Una vez confirmado, se realizan pruebas de imagen como el TAC o la Resonancia Magnética para determinar la extensión local del tumor y buscar afectación de ganglios linfáticos.

Las opciones de tratamiento son multidisciplinares. La cirugía oncológica busca extirpar el tumor completamente con márgenes de seguridad, preservando la mayor cantidad de tejido sano posible. Las técnicas de cirugía láser y cirugía robótica permiten acceder a zonas complejas con gran precisión. La radioterapia utiliza haces de radiación de alta energía para destruir las células cancerosas. La quimioterapia y las terapias dirigidas actúan de forma sistémica y se suelen combinar con la radioterapia en casos avanzados.

Conocer las señales de alarma y actuar sobre ellas sin demora marca la diferencia. Un diagnóstico temprano no solo mejora radicalmente la supervivencia, sino que permite tratamientos menos agresivos, con menor secuela funcional y estética. Ante la duda, la exploración por un especialista es la decisión más acertada.