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La primavera y la alergia: Cómo controlar la Rinitis Alérgica de forma efectiva

Con la llegada de la primavera, millones de personas ven cómo su calidad de vida se ve afectada por estornudos incontrolables, picor de nariz y ojos, y una congestión que no da tregua. La rinitis alérgica estacional, conocida como fiebre del heno, es la respuesta exagerada del sistema inmunitario a los pólenes que flotan en el aire. Sin embargo, con un manejo adecuado, es posible disfrutar de las estaciones sin sufrir sus síntomas.

La rinitis alérgica es una inflamación de la mucosa que recubre el interior de la nariz, desencadenada por alérgenos. En primavera, los principales culpables son los pólenes de árboles como el plátano de sombra, el olivo o el ciprés, y más tarde, los de gramíneas y malezas. Cuando una persona sensible inhala estos pólenes, su sistema inmunitario los identifica erróneamente como una amenaza y libera histamina y otras sustancias químicas, desatando los síntomas característicos.

El cuadro clínico es muy reconocible. Los estornudos en salva, es decir, varios seguidos, son muy típicos. El picor o prurito nasal, ocular, en el paladar o incluso en los oídos es uno de los síntomas más molestos. La rinorrea acuosa, un moqueo claro y constante como el agua, es otra señal. La congestión nasal obstructiva, que puede ser bilateral o alternante, dificulta la respiración. A menudo se acompaña de conjuntivitis alérgica, con ojos rojos, llorosos y con picor. Este conjunto de síntomas puede conducir a un mal sueño, cansancio diurno y dificultad para concentrarse.

El manejo de la rinitis se basa en tres pilares: evitar los alérgenos, tratar los síntomas y, en algunos casos, modificar la respuesta inmunológica. Las medidas de evitación son la primera línea de defensa. Consultar los niveles de polen en aplicaciones o webs especializadas y evitar las actividades al aire libre en los días de máxima concentración. Mantener las ventanas cerradas en casa y en el coche, usando el aire acondicionado con filtros. Ducharse y cambiarse de ropa al llegar a casa para eliminar los pólenes adheridos. Usar gafas de sol grandes para proteger los ojos.

El tratamiento farmacológico es muy efectivo. Los corticoides nasales en spray son el tratamiento de primera línea para la congestión y la inflamación. Actúan localmente con pocos efectos secundarios, pero deben usarse de forma constante. Los antihistamínicos orales o en spray nasal bloquean el efecto de la histamina, aliviando rápidamente el picor, los estornudos y el moqueo. Los descongestionantes nasales en spray solo deben usarse durante unos días puntuales, ya que su uso prolongado crea dependencia y rinitis medicamentosa. El lavado nasal con soluciones salinas o agua de mar ayuda a eliminar físicamente los alérgenos y el moco, aliviando la congestión.

Para casos de rinitis moderada-severa que no responde bien a la medicación, la inmunoterapia o vacunas para la alergia son la única opción que puede modificar el curso natural de la enfermedad. Consiste en administrar dosis gradualmente crecientes del alérgeno al que el paciente es sensible, para que su sistema inmunitario se acostumbre y deje de reaccionar de forma exagerada. El tratamiento es largo pero puede proporcionar un alivio duradero incluso después de finalizarlo.

No subestimes el impacto de la rinitis alérgica. Una correcta evaluación por un especialista puede identificar tus alérgenos desencadenantes y establecer un plan de tratamiento personalizado que te permita recuperar el control y respirar aliviado durante todo el año.