Oigo peor, pero todavía soy joven: ¿puedo estar perdiendo audición?

La pérdida de audición no es exclusiva de las personas mayores. La exposición continuada a música alta, auriculares, conciertos o determinados ambientes laborales puede dañar progresivamente el oído incluso en personas jóvenes.
El problema es que muchas veces ocurre de forma lenta. Podemos empezar a subir el volumen de la televisión, pedir que nos repitan las cosas, tener dificultades para seguir conversaciones en lugares con ruido o notar que entendemos peor determinadas voces sin ser conscientes de que estamos perdiendo capacidad auditiva.
Los auriculares no son perjudiciales por sí mismos; el riesgo depende fundamentalmente de la intensidad del sonido y del tiempo de exposición. Cuanto más elevado es el volumen, menos tiempo puede soportarlo el oído sin riesgo.
Además del ruido, existen otras posibles causas de hipoacusia en personas jóvenes, desde tapones de cerumen o infecciones hasta alteraciones del oído medio o interno. Por eso, ante una disminución de audición persistente es importante realizar una exploración y una audiometría.
Especial atención merece una pérdida de audición que aparece de forma brusca, sobre todo en un solo oído: debe valorarse con rapidez por un especialista, ya que algunas causas requieren tratamiento precoz.