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Ronquera que no se va: 5 señales de alarma en tus cuerdas vocales

La voz es una herramienta fundamental de comunicación, y cuando falla, afecta nuestra vida diaria. La ronquera o disfonía persistente es mucho más que una simple molestia pasajera. Puede ser la primera manifestación de que algo no funciona correctamente en nuestras cuerdas vocales.

Comprender la diferencia entre una ronquera temporal y un problema crónico es esencial. La ronquera aguda suele aparecer después de un resfriado, un esfuerzo vocal intenso gritando en un evento o tras una laringitis. Normalmente, este tipo de disfonía se resuelve por sí sola en unos días o dos semanas como máximo. La ronquera crónica o persistente es aquella que se prolonga más allá de tres semanas. Este es el punto clave donde la atención médica se vuelve no solo recomendable, sino imprescindible.

Existen cinco señales de alarma que deben impulsar una consulta con un otorrinolaringólogo especialista en voz. La primera y más importante es la duración. Si la ronquera perdura por más de quince días sin una causa clara como un catarro, es una señal roja. La segunda señal es el dolor asociado. Si hablar o tragar produce dolor persistente en la garganta, puede indicar algo más que una simple inflamación.

La tercera señal es la presencia de sangre al toser o escupir, incluso en pequeñas cantidades. Esto nunca es normal y requiere evaluación inmediata. La cuarta señal es la dificultad para tragar sólidos o líquidos que acompaña a los cambios en la voz. La quinta señal, especialmente relevante para fumadores, es la aparición de un bulto o masa palpable en el cuello junto con la ronquera.

Las causas de una disfonía persistente son variadas. Los nódulos vocales son callosidades que se forman en las cuerdas vocales por abuso o mal uso vocal, comunes en profesores o cantantes. Los pólipos son crecimientos similares a ampollas que suelen aparecer en una sola cuerda vocal y suelen estar relacionados con un traumat vocal agudo, como un grito intenso. El edema de Reinke es una hinchazón crónica de ambas cuerdas vocales, muy asociado al tabaquismo, que produce una voz grave y ronca característica. Las lesiones precancerosas como la leucoplasia o la cáncer de laringe itself se manifiestan frecuentemente con ronquera persistente. Por último, la parálisis de cuerda vocal, que puede deberse a causas virales, quirúrgicas o idiopáticas, también provoca una voz débil y ahogada.

El diagnóstico preciso es fundamental y se realiza mediante una laringoscopia. Esta prueba permite visualizar directamente las cuerdas vocales en movimiento, su color, forma y simetría. Existen diferentes tipos; la laringoscopia flexible se realiza a través de la nariz con un tubo delgado e iluminado, permitiendo ver la laringe en reposo. La videoestroboscopia es el gold standard. Utiliza una luz intermitente que crea un efecto de cámara lenta, permitiendo evaluar la vibración de las mucosas de las cuerdas vocales, algo invisible al ojo humano de otra forma.

Los tratamientos dependen totalmente del diagnóstico. La terapia de voz o logopedia es la primera opción para nódulos y para rehabilitar la voz tras cirugías o en parálisis. Es fundamental aprender a usar la voz de manera eficiente y sin dañarla. En casos de pólipos, edemas severos o lesiones sospechosas, la microcirugía laríngea es el tratamiento de elección. Se realiza con microscopio e instrumentos de alta precisión, permitiendo extirpar la lesión preservando al máximo el tejido sano de la cuerda vocal. En casos de cáncer, el tratamiento puede involucrar radioterapia, quimioterapia o cirugías más extensas, dependiendo de la etapa.

La ronquera persistente es un mensaje de nuestro cuerpo que merece ser escuchado. Ignorarla puede tener consecuencias. Una evaluación temprana por un especialista no solo puede descartar problemas graves, sino que devuelve la capacidad de comunicarse con claridad y confianza.